miércoles, 19 de agosto de 2026

El regalo que no tenía precio. Cuento con moraleja 🙂

 

El regalo que no tenía precio

María Eugenia Rojas Alegría 
© María Eugenia Rojas Alegría

Había una vez una mujer llamada Elena que pasó muchos años trabajando y luchando para construir una vida con esfuerzo.

Cuando llegó el momento, decidió compartir lo que había conseguido con alguien a quien quería profundamente.

No lo hizo por obligación.

Lo hizo por amor.

Entregó lo que tanto le había costado conseguir, con la ilusión de que aquella persona pudiera tener un camino más fácil y llegar más lejos.

Y así fue.

Con el tiempo, aquella persona prosperó y su vida cambió.

Pero Elena comenzó a notar algo que le dolía más de lo que quería reconocer: las llamadas eran cada vez menos, las conversaciones más distantes y las atenciones parecían dirigirse hacia otras personas.

Elena nunca reclamó lo que había dado.

Solo guardó silencio y pensó:

"Quizá algún día recuerde que hubo alguien que no le dio lo que le sobraba, sino aquello que había conseguido con toda una vida de esfuerzo."

Pasaron los años.

Un día, aquella persona comprendió algo que hasta entonces no había sabido ver.

Había recibido mucho más que cosas.

Había recibido confianza, sacrificio, oportunidades y, sobre todo, amor.

Y comprendió que mientras buscaba el valor de las personas en aquello que podían darle, había dejado de valorar a quien le había dado sin pedir nada.

Entonces sintió una tristeza profunda.

No porque hubiera perdido nada material, sino porque comprendió que hay regalos que, una vez recibidos, solo pueden agradecerse con algo que no cuesta dinero:

MEMORIA, CARIÑO y GRATITUD.

Y desde aquel día entendió que nunca se debe hacer de menos a quien te ayudó a llegar donde estás.

Porque algunas personas pueden darte mucho.

Pero hay otras que, simplemente por amor, te lo dieron todo.

Moraleja:
No esperes a perder la cercanía de alguien para descubrir cuánto significaba. A veces, el mayor regalo que podemos hacer a quien nos dio tanto es simplemente no olvidar de dónde venimos y agradecer, mientras estamos a tiempo, a quien caminó con nosotros cuando todavía estábamos empezando.


© María Eugenia Rojas Alegría 

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