Un Ángel de la Guarda es, según la tradición cristiana, un ser espiritual creado por Dios para acompañarnos, protegernos y guiarnos a lo largo de nuestra vida.
Se dice que los Ángeles de la Guarda, también llamados Ángeles Custodios, permanecen cerca de nosotros para velar por nuestro bienestar y ayudarnos a encontrar el camino del bien. Son símbolo de pureza, amor y protección y, para quienes creen en ellos, representan una presencia que nos acompaña incluso cuando no podemos verla.
Quizá por eso muchas personas sienten que su Ángel de la Guarda está presente en los momentos más importantes de su vida.
A veces puede ser esa dulce voz interior que intenta orientarnos y que, casi en un susurro, nos dice:
«No vayas».
«Espera un poco».
«Hazlo de otra manera».
«No confíes».
«Algo no está bien».
¿Cuántas veces hemos tenido un presentimiento y, sin saber exactamente por qué, hemos decidido no hacer algo?
Después, cuando descubrimos que nuestra decisión nos evitó un problema, solemos decir:
—Algo me dijo que no lo hiciera.
Tal vez fue simplemente nuestra intuición.
O quizá, para quienes creemos en los Ángeles, fue nuestro Ángel de la Guarda intentando protegernos.
También puede acompañarnos en los momentos de tristeza. Cuando las fuerzas parecen abandonarnos, cuando sentimos que nadie comprende lo que estamos viviendo o cuando una preocupación ocupa nuestros pensamientos, podemos hablar con él.
No necesitamos hacerlo de una manera especial.
Podemos contarle nuestros miedos, nuestras alegrías, nuestras preocupaciones y nuestros sueños.
Podemos pedirle que nos acompañe.
Y, sobre todo, podemos acercarnos a Dios a través de la oración.
Quizá una de las tareas más importantes de nuestro Ángel sea precisamente ayudarnos a recordar que nunca estamos completamente solos.
Cuando oramos, abrimos nuestro corazón a Dios. Encontramos consuelo, fortalecemos nuestra fe y aprendemos a confiar incluso cuando no comprendemos lo que está sucediendo.
A lo largo de la vida también encontramos personas que aparecen en el momento preciso.
Una mano que se extiende cuando más la necesitamos.
Una palabra que llega justo cuando estamos a punto de rendirnos.
Una oportunidad que aparece cuando pensábamos que todas las puertas estaban cerradas.
Una llamada inesperada.
Un encuentro casual.
Una solución que llega de una manera que jamás habíamos imaginado.
Podemos llamarlo casualidad.
Podemos llamarlo coincidencia.
O podemos pensar que, detrás de algunas de esas pequeñas circunstancias, existe una mano invisible que nos conduce hacia aquello que necesitamos.
Quizá Dios utiliza caminos que nosotros no sabemos reconocer.
Quizá pone personas en nuestra vida para ayudarnos.
Quizá permite que una puerta se cierre para conducirnos hacia otra.
Y quizá nuestro Ángel de la Guarda sea ese compañero silencioso que, de alguna manera, nos ayuda a encontrar el camino.
No siempre recibiremos aquello que pedimos.
No siempre entenderemos por qué suceden determinadas cosas.
Y no todos los caminos serán fáciles.
Pero eso no significa que estemos solos.
A veces, la ayuda llega de una forma diferente a la que esperábamos.
Por eso, cuando tengas miedo, habla con tu Ángel de la Guarda.
Cuando estés triste, ora.
Cuando tengas dudas, escucha también esa voz interior que te invita a hacer el bien.
Cuando una puerta se cierre, no pierdas la esperanza.
Y cuando aparezca una pequeña luz en medio de la oscuridad, no dejes de caminar hacia ella.
Tal vez sea una casualidad.
Tal vez sea una oportunidad.
Tal vez sea una respuesta.
O quizá sea simplemente una de esas pequeñas señales que Dios pone en nuestro camino para recordarnos que todavía hay esperanza.
Porque la fe no significa tener todas las respuestas.
A veces significa seguir caminando aunque todavía no podamos ver el camino completo.
Y confiar en que, de alguna manera, nunca estamos completamente solos.
🌟 MORALEJA
Nunca pierdas la fe ni ignores esa voz interior que te invita a elegir el bien.
Cuando caminamos con amor, oración y confianza en Dios, incluso en los momentos más difíciles podemos encontrar una luz que nos ayude a continuar.
No todas las señales tienen que ser extraordinarias. Algunas llegan en forma de una persona, una palabra, una oportunidad, una intuición o una puerta que se abre cuando más la necesitamos.
Tal vez algunas sean simplemente coincidencias.
Y tal vez otras sean la manera silenciosa en que Dios nos recuerda que sigue acompañándonos.
Confía, ora, escucha tu corazón y permanece atento.
Porque cuando caminamos con fe, hasta las pequeñas luces pueden mostrarnos el camino.
Y quizá, detrás de alguna de ellas, esté nuestro Ángel de la Guarda diciéndonos en silencio:
«No tengas miedo.
No estás solo.»
Y quizá, cuando no sepamos qué decir, baste con recordar aquella sencilla oración que tantos aprendimos desde niños:
"Ángel de mi guarda,
dulce compañía,
no me desampares
ni de noche ni de día."
© María Eugenia Rojas Alegría

2 comentarios:
"...Con su blanca palidez..."
Así reza la espléndida melodía, tb
ilustrativa en mi blog, en uno de los post últimos (wwww.pilarblancounzue.blogspot.com)
Porque
¡qué cosa tendrá la luna,
brille pálida o deslumbre
desde la total altura
en que de gasas se cubre...!
Luna redonda, hechicera,
guardiana, arriba en las cumbres
Gracias por tu bello comentario 😊
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