El caso de Mariela
EL SECRETO DE ALEJANDRO
© Mar铆a Eugenia Rojas Alegr铆a
Mariela era una joven alegre, trabajadora y muy querida por sus compa帽eros de trabajo. Hac铆a cuatro a帽os que manten铆a una relaci贸n con Alejandro, un hombre del que estaba profundamente enamorada.
Durante todo ese tiempo hab铆an hablado muchas veces de casarse y formar una familia, aunque nunca hab铆an llegado a fijar una fecha para la boda.
Mariela confiaba plenamente en 茅l y estaba convencida de que alg煤n d铆a cumplir铆an sus sue帽os juntos.
Hasta que un d铆a, su amigo Eduardo le cont贸 algo que cambiar铆a para siempre la imagen que ten铆a de Alejandro.
—Mariela, tengo que decirte algo. Alejandro est谩 casado y tiene dos hijos.
Mariela lo mir贸 sorprendida.
—Eso no puede ser verdad. Alejandro me lo habr铆a contado.
—Yo tambi茅n pens茅 que pod铆a tratarse de un error, pero quise comprobarlo antes de dec铆rtelo. Habl茅 personalmente con su esposa.
Aquellas palabras dejaron a Mariela completamente desconcertada.
No quer铆a creer que el hombre con el que llevaba cuatro a帽os pudiera haberle ocultado algo tan importante.
Decidi贸 comprobarlo por s铆 misma.
Busc贸 el n煤mero de tel茅fono de la casa de Alejandro y llam贸.
Cuando la esposa de Alejandro contest贸, Mariela pregunt贸:
—¿Podr铆a hablar con Alejandro, por favor?
—Claro. ¿Qui茅n lo llama?
—Soy Mariela.
Hubo un breve silencio.
—¿Mariela?
—S铆.
La mujer le explic贸 que Alejandro no estaba en casa en ese momento.
Mariela no quiso hacer m谩s preguntas. Ya hab铆a escuchado suficiente.
Colg贸 el tel茅fono con el coraz贸n encogido.
Ahora sab铆a que Eduardo le hab铆a dicho la verdad.
Sin embargo, decidi贸 no enfrentarse a Alejandro inmediatamente. Quer铆a observarlo, escuchar sus explicaciones y descubrir hasta d贸nde llegaba aquella mentira.
Lleg贸 el viernes y, como estaba previsto, Mariela sali贸 con Alejandro y algunos amigos.
Durante toda la velada procur贸 comportarse con normalidad, aunque por dentro sent铆a una mezcla de dolor, rabia y decepci贸n.
M谩s tarde, cuando quedaron solos, Mariela lo invit贸 a su casa.
Prepar贸 algo para beber, puso m煤sica y trat贸 de mantener la calma.
Alejandro estaba tranquilo, sin imaginar lo que estaba a punto de suceder.
En un momento determinado, Mariela sali贸 del sal贸n y se dirigi贸 a su dormitorio.
Una vez all铆, tom贸 el tel茅fono y llam贸 a la casa de Alejandro.
La esposa contest贸.
—¿S铆?
—Hola. Soy Mariela.
La mujer reconoci贸 su voz.
—¿Mariela?
—S铆. Voy a comunicarle con alguien. Espere un momento, por favor.
Mariela dej贸 la llamada abierta, sali贸 de su dormitorio y regres贸 al sal贸n.
Alejandro segu铆a all铆, completamente ajeno a lo que estaba sucediendo.
Mariela tom贸 el tel茅fono y se lo entreg贸 con toda naturalidad.
—Amor, hay alguien que quiere hablar contigo.
Alejandro tom贸 el tel茅fono.
—¿Hola?
Al otro lado de la l铆nea, su esposa respondi贸:
—Dime.
Alejandro se qued贸 completamente paralizado al reconocer la voz de su esposa.
Durante unos segundos no supo qu茅 decir.
Finalmente, balbuce贸:
—¿Para qu茅 me llamas?
Su esposa respondi贸, sorprendida:
—Yo no te llam茅. Fue tu compa帽era de trabajo, Mariela, la que llam贸 y dijo que me comunicar铆a contigo.
Alejandro se qued贸 todav铆a m谩s tieso.
No sab铆a qu茅 decir ni c贸mo reaccionar.
Mir贸 a Mariela.
Ella ten铆a los ojos llenos de l谩grimas.
Hab铆a escuchado toda la conversaci贸n.
Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada.
Alejandro intent贸 explicar la situaci贸n, pero ya era demasiado tarde.
Mariela, llena de dolor y decepci贸n, le dio una bofetada.
—¡Fuera de mi casa!
Alejandro quiso hablar, pero Mariela ya no estaba dispuesta a escuchar ninguna explicaci贸n.
Lo ech贸 de su casa y cerr贸 la puerta detr谩s de 茅l.
Despu茅s se dirigi贸 a su dormitorio, se dej贸 caer sobre la cama y rompi贸 a llorar desconsoladamente.
Llor贸 por los cuatro a帽os que hab铆a entregado a aquella relaci贸n, por todas las ilusiones que hab铆a construido y por el futuro que hab铆a imaginado junto a un hombre en quien hab铆a confiado plenamente.
Aquella noche comprendi贸 que no solo hab铆a perdido a Alejandro.
Tambi茅n hab铆a perdido la confianza que hab铆a depositado en 茅l.
Y quiz谩 eso era lo que m谩s le dol铆a.
Al d铆a siguiente, Alejandro intent贸 comunicarse con ella para darle explicaciones.
Le dijo que supuestamente estaba en proceso de divorcio y que hab铆a ocultado la verdad porque ten铆a miedo de perderla.
Pero para Mariela aquellas explicaciones ya no ten铆an sentido.
Si realmente estaba en proceso de divorcio, ¿por qu茅 nunca se lo hab铆a contado?
¿Por qu茅 hab铆a permitido que ella viviera durante cuatro a帽os creyendo que era la mujer con la que alg煤n d铆a formar铆a una familia?
Mariela comprendi贸 que no pod铆a continuar aquella relaci贸n.
Hab铆a perdido cuatro a帽os creyendo en una verdad que no exist铆a como ella la hab铆a imaginado.
Y aunque todav铆a lo amaba, decidi贸 alejarse.
Porque algunas heridas no las provoca la falta de amor, sino la falta de honestidad.
MORALEJA
La verdad puede doler, pero una mentira sostenida durante a帽os puede causar heridas mucho m谩s profundas.
La sinceridad permite que cada persona tome sus propias decisiones y elija libremente el camino que quiere seguir.
No debemos ocultar deliberadamente una verdad que puede cambiar la vida de otra persona.
Nadie deber铆a descubrir, despu茅s de a帽os, que el futuro que imaginaba estaba construido sobre una mentira.
Porque cuando se rompe la confianza, no siempre basta con pedir perd贸n para volver a construirla.
La verdad puede ser dif铆cil de aceptar, pero siempre ser谩 mejor conocerla a tiempo que vivir durante a帽os creyendo en una realidad que nunca existi贸.
© Mar铆a Eugenia Rojas Alegr铆a

2 comentarios:
Lo que cuentas aqui es algo bien cotidiano y me alegro que mariela le diera esa leccion.
Bellos tus cuentos.
Irene
Me gustan mucho tus blogs, eres una artista y el contenido esta lleno de ternura y amor.
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