LA INVITACIÓN: Y TODO TERMINÓ EN EL TRASTERO
© María Eugenia Rojas Alegría
*¡Vaya invitación! 😂🤣*
Una presentación, una pareja improvisada y una compra que terminó en el trastero.
Mi amiga Esther me contó un día que había recibido una invitación de una empresa para asistir a una presentación en el salón de un conocido hotel. Me pidió que la acompañara porque a su marido esas cosas no le interesaban.
Al día siguiente, allí nos fuimos las dos, dispuestas a descubrir qué maravilla nos iban a presentar.
Al llegar, nos encontramos con una larga cola de jubilados que, al parecer, también habían recibido la famosa invitación.
Después de esperar un buen rato, por fin llegamos a la puerta del salón. El encargado nos pidió las invitaciones.
Esther le entregó la suya.
Yo, por supuesto, no tenía ninguna.
—¡Ustedes no pueden entrar! —sentenció el hombre.
—¿Y por qué no? —pregunté.
—Porque ella tiene invitación, pero no viene acompañada de su pareja, y usted no tiene invitación.
Hubo unos segundos de silencio que decidí romper con toda la naturalidad del mundo:
—Mire, hombre, ella tiene la invitación y yo no. ¿Sabe por qué?
—¡No!
—¡Muy sencillo! ¡Porque somos pareja!
—Pero...
—¡Pero nada! ¿Acaso no podemos ser pareja? ¿Quién nos lo prohíbe?
El hombre nos miró con una cara de asombro que no tenía precio. Después de unos segundos, levantó la mano, hizo un gesto para que pasáramos y nos dejó entrar.
Esther me miró con los ojos tan abiertos que parecían dos platos con huevos fritos. Aguantó unos segundos y luego le dio un ataque de risa.
—¡Ay, por Dios! ¡Lo que eres capaz de inventar! —me dijo entre carcajadas.
—Esther, perdona, pero después de hacer semejante cola, ¡no íbamos a quedarnos en la puerta por una tontería!
Y así, gracias a nuestra improvisada relación sentimental, conseguimos entrar.
Nos sentamos y nos tragamos una hora entera de presentación.
El comercial, con una sonrisa de oreja a oreja y un entusiasmo digno de un estreno de Hollywood, comenzó su discurso:
—Hoy les presentamos esta maravillosa y revolucionaria máquina, capaz de eliminar la suciedad, los ácaros y prácticamente todos los problemas de limpieza de su hogar. Su diseño exclusivo combina la última tecnología con una eficacia extraordinaria...
Y entonces apareció el aparato.
¡Madre mía!
Era tan grande que parecía un robot de combate de "La guerra de las galaxias". ¡Solo le faltaba caminar y pedir permiso para entrar en casa!
El hombre continuó, cada vez más emocionado:
—¡Y eso no es todo! Además, les regalamos todos estos accesorios que convertirán su hogar en un lugar mucho más limpio y saludable.
Después llegó el momento de la gran oferta:
—En las grandes superficies, esta maravilla cuesta 6.000 euros. ¡Pero hoy, y solo por hoy, ustedes podrán llevársela por el increíble precio de 2.500 euros!
En la sala comenzaron los murmullos.
Unos se miraban, otros asentían y algunos ya parecían estar haciendo cuentas.
A continuación, aparecieron varios jóvenes con sus carpetas, preparados para atender a los asistentes y cerrar las ventas. Uno de ellos se sentó frente a nosotras.
Con mucha amabilidad, comenzó a explicarnos las ventajas del aparato y, por supuesto, nos ofreció financiar la compra mediante un préstamo bancario, sin intereses y en cómodas cuotas.
Yo lo escuché pacientemente y después le dije:
—Joven, 2.500 euros me parece muchísimo dinero. Al fin y al cabo, lo que ustedes nos ofrecen es una aspiradora. Y yo tengo una que me costó 35 euros y me funciona perfectamente.
Él, sin perder la sonrisa, respondió:
—Señora, como han podido comprobar, este aparato es tecnología de última generación. Además, lo pagarán sin apenas darse cuenta.
—Mire, joven, ¿para qué voy a endeudarme con el banco para comprar un aparato tan enorme que ni siquiera sé dónde voy a poner? ¡Lo más seguro es que termine en el trastero! Y eso, si consigo encontrarle un sitio.
El muchacho insistió. Nos habló de las ventajas, de la comodidad, de la salud y de todas las maravillas que aquel armatoste podía hacer.
Pero yo seguía sin ver la necesidad de comprarlo.
Al final, después de tanto tira y afloja, y quizá por no hacerle un feo al vendedor, mi amiga Esther terminó comprando una estufa que también ofrecían durante la presentación.
¡Una estufa estupenda, según ellos!
Lo curioso es que hoy esa maravillosa adquisición descansa tranquilamente en el trastero de Esther, porque consume tanta electricidad que encenderla sale casi como pagar una noche de hotel.
Y pensar que todo empezó con una invitación...
¡Total, solo fueron 120 euros!
¡Como si fuera poco!
¡Vaya invitación!
Entramos gratis, nos dieron una hora de charla, conocimos las maravillas de un robot aspirador de 2.500 euros y salimos con una estufa que ahora sirve de decoración en el trastero.
MORALEJA
No todo lo que se anuncia como una oportunidad es una buena compra, ni todo lo que se ofrece como un regalo sale gratis.
A veces, la mejor manera de ahorrar es saber decir «no», aunque nos lo presenten con una sonrisa, muchas facilidades de pago y una oferta que parece irrepetible.
Y, sobre todo, nunca confundamos la amabilidad con la obligación: no tenemos que comprar nada por no hacerle un feo a nadie.
Porque hay invitaciones que, en lugar de abrirnos las puertas a una oportunidad, ¡nos abren la puerta del trastero! 😂🤣
© María Eugenia Rojas Alegría
