Mostrando entradas con la etiqueta El perdón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El perdón. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de septiembre de 2019

EL PERDÓN: LA MÁS GRANDE EXPRESIÓN DE AMOR. Con moraleja 🙏


EL PERDÓN: LA MÁS GRANDE EXPRESIÓN DE AMOR
© María Eugenia Rojas Alegría 


El perdón es una de las expresiones más grandes del amor, porque requiere humildad, fortaleza y la valentía de sanar aquello que alguna vez nos rompió por dentro.

Perdonar no significa olvidar lo ocurrido, justificar las malas acciones ni aprobar el daño que alguien nos ha causado. Tampoco significa fingir que nada pasó o renunciar a nuestro derecho a sentir dolor.

Perdonar es reconocer lo sucedido sin permitir que el sufrimiento siga gobernando nuestra vida.

Cuando alguien nos lastima profundamente, es natural experimentar tristeza, decepción, enojo e incluso resentimiento. A veces, el dolor es tan intenso que nos roba la tranquilidad y nos llena de pensamientos que nos impiden encontrar la paz.

En esos momentos, tomar distancia de quien nos hizo daño puede ser necesario para recuperar nuestra serenidad y aprender a sanar.

Pero hay un perdón que también merece nuestra atención: el perdón hacia nosotros mismos.

Debemos dejar de castigarnos por nuestros errores, por las decisiones que tomamos cuando todavía no sabíamos lo que hoy sabemos o por haber confiado en quien no supo valorar nuestro cariño.

Todos tenemos derecho a equivocarnos, aprender y comenzar de nuevo.

A veces somos capaces de perdonar a los demás, pero somos incapaces de perdonarnos a nosotros mismos. Seguimos recordando aquello que hicimos, aquello que no hicimos, la decisión que tomamos o la oportunidad que dejamos escapar.

Y así, sin darnos cuenta, nos convertimos en nuestros propios jueces.

Pero nadie puede cambiar el pasado.

Lo único que podemos hacer es aprender de él y permitir que lo vivido nos ayude a crecer.

Perdonar no es un acto que siempre sucede de inmediato. A veces es un camino lento, lleno de recuerdos, emociones y momentos difíciles.

Puede que un día creamos haber perdonado y, al siguiente, una palabra, una imagen o un recuerdo vuelva a despertar el dolor.

Eso no significa que hayamos retrocedido.

Significa que sanar también tiene sus tiempos.

El perdón es una decisión que podemos renovar cada día, hasta que el resentimiento deje de ocupar el espacio que merece la tranquilidad de nuestro corazón.

Y aunque perdonar puede liberarnos de muchas cargas, eso no significa que debamos reconciliarnos con quien nos hirió.

Podemos perdonar y, al mismo tiempo, establecer límites, alejarnos y proteger nuestra dignidad.

La paz interior también consiste en saber cuándo debemos cerrar una puerta.

A veces creemos que perdonar significa volver a confiar, volver a acercarnos o permitir que una persona ocupe nuevamente el mismo lugar en nuestra vida.

No siempre es así.

Hay personas a las que podemos perdonar desde la distancia.

Podemos desearles bienestar sin volver a formar parte de su historia.

Porque perdonar no significa entregar nuevamente las llaves de nuestro corazón a quien un día no supo cuidarlo.

Guardar rencor nos mantiene atados a aquello que nos hizo sufrir, mientras que aprender a soltar nos permite recuperar nuestra libertad emocional.

No podemos cambiar el pasado, pero sí podemos decidir cuánto poder tendrá sobre nuestro presente y sobre nuestro futuro.

Perdonar no borra las heridas ni convierte en correcto aquello que estuvo mal.

Significa que elegimos no alimentar el odio, que dejamos de vivir prisioneros de una ofensa y que nos damos la oportunidad de volver a amar sin cargar eternamente con el dolor.

Porque perdonar no es darle la razón a quien nos lastimó.

Es devolvernos a nosotros mismos el derecho a vivir en paz.

Y quizá ahí se encuentre una de las formas más profundas del amor: comprender que nuestro corazón merece dejar de sufrir por aquello que ya no podemos cambiar.

MORALEJA

Quien perdona no necesariamente olvida lo que vivió, pero aprende a recordar sin permitir que el dolor lo destruya.

El verdadero perdón no cambia lo que ocurrió, pero puede transformar lo que hacemos con aquello que nos ocurrió.

Perdonar no significa reconciliarse, olvidar, justificar ni volver a confiar ciegamente. A veces significa poner límites, tomar distancia y cerrar una puerta para poder abrir otra hacia la paz.

Y también debemos aprender a perdonarnos a nosotros mismos, porque nadie puede comenzar una nueva vida mientras continúa castigándose por los errores de la anterior.

A veces, el mayor acto de amor no consiste en volver atrás, sino en soltar el rencor, sanar las heridas y elegir seguir adelante.

Porque perdonar no es olvidar.

Es recordar sin dolor, aprender sin resentimiento y continuar viviendo con el corazón en paz.

© María Eugenia Rojas Alegría