Rubius, el relaciones públicas del Camino
En Frómista, a las puertas de El Chiringuito del Camino, hay un empleado que jamás necesita mirar el reloj.
Se llama Rubius, es rubio, tiene bigotes y ocupa un puesto muy importante: relaciones públicas.
Andy y Jose cuidan de los gatos callejeros: les dan comida, atención veterinaria y se ocupan de su esterilización. Junto a la entrada está el Chiringato, un barril con una pequeña puerta y una colchoneta para quien necesite pasar la noche.
Rubius ha elegido el piso de arriba.
En cuanto abre el restaurante, ya está sentado sobre el barril, dispuesto a recibir a los visitantes. Entre mochilas, botas y bastones, los peregrinos del Camino de Santiago descubren a aquel anfitrión amable y se detienen a saludarlo. Después llega la pregunta:
—¿Nos hacemos una foto?
Él posa con una seriedad encantadora. Alguien tiene que cuidar la imagen del negocio.
Un dÃa, Andy le puso un cuello blanco con una corbata de rayas. Rubius levantó la barbilla, muy digno. Si antes se tomaba en serio su trabajo, ahora tenÃa aspecto de dirigirlo todo.
—Te falta pedir vacaciones —bromeó Andy.
Pero Rubius siguió en su puesto. TodavÃa quedaba gente por recibir.
Y asÃ, mientras unos peregrinos se llevan una fotografÃa, otros se marchan sonriendo al recordar al gato de la corbata.
Rubius no sabe cuántos kilómetros han recorrido. Solo sabe darles la bienvenida.
A veces, para hacer más bonito el camino de alguien, bastan unos bigotes y un lugar donde sentirse querido.

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