CLASES DE PERSONAS
© María Eugenia Rojas Alegría
En la vida existen personas a las que debemos mirar a los ojos para descubrir lo fascinante de su alma, sin juzgarlas ni criticarlas, porque, de alguna manera, dejaron huellas imborrables en nuestros sueños y en nuestro corazón.
Existen personas que nos quieren sinceramente, pero a las que quizá nunca les dimos la confianza suficiente para demostrarnos cuánto significamos para ellas.
También existen personas que, ante las dificultades, se resignan y dejan de luchar por una amistad, sintiéndose impotentes frente a esos obstáculos que muchas veces llevan nombres tan dolorosos como malentendidos, orgullo o silencio.
Hay personas cuyos ojos han perdido su brillo porque la rabia, el resentimiento o el deseo de causar dolor han ocupado el lugar que alguna vez tuvo el cariño.
Pero también existen personas que construyen vida cada día; personas que llevan consigo buena energía, que iluminan a quienes las rodean y que, con una palabra, una sonrisa o un gesto sincero, consiguen que otros vuelvan a sentirse felices.
Existen personas que se dejan guiar por lo que su corazón les dicta; que aceptan los desafíos, reconocen sus limitaciones y carencias y, aun así, encuentran la fuerza necesaria para superarlas y seguir adelante.
Y existen aquellas personas que conocen el verdadero significado de la amistad.
Son las que hablan cuando surge un problema, las que buscan soluciones en lugar de culpables y las que saben guardar los secretos que les fueron confiados.
Son las que pueden mirarse a los ojos y darse un abrazo sincero, sin permitir que el orgullo, los malentendidos o las palabras equivocadas terminen alejando sus corazones.
Porque una verdadera amistad no significa no tener nunca problemas.
Significa tener la voluntad de resolverlos sin permitir que el cariño se pierda en el camino.
A veces será necesario dar el primer paso. Otras veces, pedir perdón. En algunas ocasiones, escuchar sin intentar tener la razón. Y, muchas veces, simplemente hablar con sinceridad antes de que el silencio haga más grande una distancia que quizá nunca debió existir.
Al final, todos podemos encontrarnos alguna vez en cualquiera de estos grupos.
Podemos ser quienes tienden una mano o quienes la necesitan.
Podemos ser quienes perdonan o quienes todavía guardan un resentimiento.
Podemos ser quienes se alejan por orgullo o quienes deciden acercarse para intentar arreglar las cosas.
Lo verdaderamente importante es detenernos un momento y preguntarnos:
¿Qué clase de persona estamos eligiendo ser?
MORALEJA
No podemos elegir cómo actuarán los demás, pero sí podemos elegir qué dejamos crecer dentro de nosotros.
La amistad verdadera se construye con confianza, sinceridad, comprensión y lealtad. Y cuando existe cariño, muchas veces vale la pena hablar antes que permitir que el silencio construya una distancia.
Porque, al final, no somos solamente lo que pensamos o sentimos.
También somos aquello que elegimos hacer con lo que llevamos dentro.
© María Eugenia Rojas Alegría

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