lunes, 6 de junio de 2011

EL REFLEJO DE TUS ACTOS

EL REFLEJO DE TUS ACTOS
© María Eugenia Rojas Alegría 


Se cuenta que, hace mucho tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada.

Cierto día, un perrito callejero, buscando refugio del intenso sol, encontró un pequeño agujero en una de las puertas y logró entrar en aquella misteriosa casa.

Subió lentamente por unas viejas escaleras de madera. Al llegar al final, descubrió una puerta entreabierta. Movido por la curiosidad, se acercó y entró sigilosamente en la habitación.

Para su sorpresa, descubrió que dentro había mil perritos más, que lo observaban tan fijamente como él los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y levantó poco a poco las orejas.

Para su asombro, los mil perritos hicieron exactamente lo mismo.

Entonces, sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. El perrito quedó maravillado al comprobar que los mil perritos también parecían sonreírle y le ladraban con alegría.

Antes de salir de aquella habitación, pensó:

—¡Qué lugar tan agradable! ¡Voy a volver más seguido a visitarlo!

Tiempo después, otro perrito callejero llegó hasta aquella misma casa y entró en la habitación.

Al encontrarse con los mil perritos, se sintió amenazado. Todos lo observaban fijamente y, en su imaginación, aquellas miradas parecían agresivas.

Entonces comenzó a gruñir.

Y, como era de esperar, los mil perritos también le gruñeron.

El perrito se puso aún más nervioso y comenzó a ladrarles ferozmente. Los otros mil perritos respondieron de la misma manera.

Asustado y enfadado, salió corriendo de la habitación y pensó:

—¡Qué lugar tan horrible es este! ¡Nunca más volveré a entrar aquí!

Sin embargo, ninguno de los dos perritos había reparado en un viejo letrero que se encontraba en el frente de aquella casa. En él podía leerse:

«Esta casa es la casa de los mil espejos. Lo que encuentres dentro será el reflejo de lo que llevas en tu corazón.»

MORALEJA

La vida muchas veces funciona como una casa llena de espejos: lo que damos a los demás suele ser, en buena medida, lo que recibimos de ellos.

Si ofrecemos una sonrisa, probablemente encontraremos sonrisas. Si mostramos amabilidad, respeto y cariño, será más fácil despertar esos mismos sentimientos en quienes nos rodean.

Pero si nos acercamos con desconfianza, enojo o agresividad, también podemos provocar respuestas semejantes.

No siempre podemos elegir las circunstancias que encontramos en nuestro camino, pero sí podemos elegir la actitud con la que decidimos enfrentarlas.

Todos los rostros que encontramos en la vida son, de alguna manera, espejos. Por eso, piensa qué rostro quieres llevar en tu corazón, porque será ese el que proyectarás ante los demás.

Las cosas más bellas de la vida no siempre se pueden ver ni tocar; muchas de ellas solo pueden sentirse con el corazón.

Y recuerda:

«No eres responsable de la cara que tienes, pero sí eres responsable de la cara que pones.»

Y una última reflexión:

El dinero puede comprar muchas cosas, pero no puede comprar una amistad sincera ni un corazón noble.

© María Eugenia Rojas Alegría


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