🍯🐈 EL CASTIGO DE UNA GOLOSA
© María Eugenia Rojas Alegría
Una historia real, tan dulce al principio como desagradable al final…
María era una jovencita hermosa, buena y alegre, pero tenía una debilidad que podía con ella: ¡los dulces!
Le encantaban los pastelitos, los chocolates y, por encima de todas las cosas, la deliciosa miel de abeja.
En su casa, sus padres se dedicaban a la apicultura. Producían una miel exquisita, de excelente calidad, fruto del incansable trabajo de sus laboriosas abejitas.
Un buen día, le tocó a María la tarea de embotellar aquella maravillosa miel.
Y, claro, semejante tentación era demasiado para una golosa como ella.
De vez en cuando, mientras llenaba los frascos, cogía una paletita, recogía un buen montoncito de miel y se lo llevaba a la boca. Cerraba los ojos, la saboreaba lentamente y parecía transportarse al mismísimo paraíso.
—¡Mmmmm! ¡Qué manjar de dioses! ¡Esto es la gloria! —se decía, completamente embelesada.
Cuando terminó de llenar todos los frascos, los acomodó cuidadosamente en el armario.
Después, al mirar la mesa, descubrió unas pequeñas gotitas de algo que parecía miel.
¡Qué desperdicio dejar semejante delicia allí!
Sin pensarlo dos veces, estiró el dedo, recogió una de aquellas gotitas y se lo llevó a la boca, dispuesta a disfrutar hasta la última migaja de aquel dulce tesoro.
Pero…
**¡¡¡PUAAAAJJJJ!!! 🤢**
¡Aquello no sabía a miel!
¡Aquello era espantoso!
María comenzó a tener unas arcadas terribles. Dio un salto, corrió hasta el fregadero y, desesperada, abrió el grifo. Bajo un fuerte chorro de agua, se lavó la lengua una y otra vez, intentando deshacerse de aquel sabor repugnante.
—¡¡¡Puajjjj, qué asco!!! ¡Pero si parecía miel! ¿Qué demonios era eso?
Entonces descubrió la espantosa verdad.
El gato de la familia llevaba unos días malito de la tripa y, al parecer, había dejado sobre la mesa unas pequeñas deposiciones.
¡Eran tan parecidas a las gotitas de miel, tanto por el color como por la consistencia, que María había sido incapaz de distinguirlas!
¡Sí, señores!
Nuestra querida María, por golosa y confiada, acababa de probar las… ejem… «gotitas» que había dejado el gato. 🐈💩
Y ahora dime la verdad…
¿A que se te ha revuelto el estómago solamente de imaginarlo?
¡Pues imagínate a María!
En cuestión de segundos había pasado de saborear lo que consideraba un auténtico manjar de los dioses a descubrir el sabor de una verdadera pesadilla.
Desde aquel día, seguramente aprendió a mirar dos veces antes de llevarse cualquier cosa a la boca.
Porque hay antojos que pueden terminar muy, pero que muy mal…
🍯 MORALEJA
La gula y el exceso de confianza pueden jugarnos malas pasadas.
No todo lo que parece dulce es miel, ni todo lo que encontramos sobre una mesa es comestible.
A veces, detenernos unos segundos y comprobar qué tenemos delante puede ahorrarnos un buen disgusto… y, en este caso, ¡una experiencia que María difícilmente olvidaría! 😄
Y una última lección: mantén la mesa limpia, cuida bien a tus mascotas y, antes de llevarte cualquier cosa a la boca…
¡Asegúrate primero de saber qué es!
© María Eugenia Rojas Alegría

2 comentarios:
AAAAAAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJ.... moraleja: huele las cosas antes de lamerlas jajaja.
mami te pasaste jajajajaj
que lindo,todo,y la musica estupendisima,pero gabriel un niño marravilloso,dios os bendiga mau a todos
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